Japón es una superpotencia sísmica sin igual en el mundo. Desde la antigüedad hasta el día de hoy, su historia ha sido una constante batalla contra los temblores y una acumulación de sabiduría para sobrevivir a ellos. Desde la arquitectura tradicional más antigua del mundo hasta los rascacielos modernos que desafían al cielo, ¿por qué las construcciones japonesas se mantienen en pie? Hoy te presentamos la tecnología antisísmica de Japón, un país que convive con los terremotos.
- Alta tecnología de hace 1300 años: El secreto del “Shinbashira” en el Templo Horyu-ji
- La sabiduría tradicional renace en la actualidad: El control de vibraciones del Tokyo Skytree
- Evolución de los rascacielos: Del Edificio Kasumigaseki a la metrópolis vertical de Shinjuku
- La evolución de las normas antisísmicas: Lecciones del pasado para proteger el futuro
- La “Muralla del año 2000”: El refuerzo definitivo de la seguridad
Alta tecnología de hace 1300 años: El secreto del “Shinbashira” en el Templo Horyu-ji

Aws Al-mimari, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
El templo Horyu-ji en Nara, fundado en el siglo VII, es la estructura de madera más antigua que existe en el mundo. La razón por la que la pagoda de cinco pisos de este templo ha permanecido en pie sin derrumbarse durante más de 1300 años en un Japón propenso a los terremotos es el uso de una tecnología única japonesa para mitigar el impacto de los sismos.
En el centro de la pagoda, que tiene una altura de 32,45 metros, se alza un pilar central llamado “Shinbashira”. Alrededor de este pilar hay un espacio vacío, lo que significa que no está conectado estructuralmente con cada uno de los pisos. Al no estar fijado a la estructura de cada planta, cuando ocurre un terremoto, cada piso se mueve de forma independiente en diferentes direcciones.
Como resultado, no solo se dispersa el impacto del temblor, sino que el choque de las vigas de cada piso contra el pilar central absorbe la vibración, ayudando a que el movimiento cese más rápido. Además, gracias al principio del péndulo, si la torre intenta inclinarse hacia la derecha, el Shinbashira se inclina hacia la izquierda, y viceversa, lo que reduce considerablemente la sacudida.
Esta estructura del Shinbashira utilizada en la pagoda de cinco pisos fue adoptada en templos de todo el país. Por ello, aunque muchas torres se han perdido por incendios, se dice que casi ninguna se ha derrumbado debido exclusivamente a un terremoto.
“Al sauce no lo rompe la nieve”: La filosofía japonesa de la estructura flexible
La forma en que se balancea la pagoda de cinco pisos, con cada nivel moviéndose alternativamente en direcciones opuestas, se conoce como “Snake Dance” (Baile de la serpiente). La idea no es resistir con rigidez, sino crear deliberadamente una “holgura” o juego para dejar pasar el temblor; es la cristalización de la sabiduría flexible del pueblo japonés.
Estudios recientes han demostrado que este pilar central actúa como un contrapeso, cancelando la oscilación de toda la torre. El hecho de que los artesanos de hace 1300 años llegaran a este equilibrio mecánico en una época sin ordenadores sigue asombrando a los ingenieros modernos.
La sabiduría tradicional renace en la actualidad: El control de vibraciones del Tokyo Skytree

Ruthsic, CC BY-SA 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0>, via Wikimedia Commons
El Tokyo Skytree, completado en 2012, también emplea un sistema muy similar al pilar central de las pagodas de cinco pisos. En el centro de la estructura más alta de Japón, con 634 metros, se ha instalado un cilindro de hormigón armado (el pilar central) de 8 metros de diámetro y 375 metros de altura. Este pilar central y la estructura exterior de acero de la torre no están fijados, sino que se ha dejado un espacio de separación de hasta un metro.
En este hueco se han instalado numerosos amortiguadores de aceite (oil dampers) que conectan el pilar con la torre. Estos amortiguadores son dispositivos cilíndricos extensibles llenos de aceite que absorben las vibraciones al estirarse y contraerse.
Durante un terremoto o vientos fuertes, el cuerpo de la torre y el pilar central se mueven por separado, y los amortiguadores actúan como cojines para evitar que sus movimientos colisionen violentamente. Por cierto, dentro de este pilar central se encuentran las escaleras de evacuación.
La genialidad de los “amortiguadores de aceite” que protegen la fortaleza del cielo
Los amortiguadores utilizados en el Skytree pueden reducir la energía de un terremoto hasta en un 50%. Este sistema de “control de vibraciones mediante pilar central”, que traduce el concepto de la arquitectura tradicional de madera a la moderna estructura de acero, es un símbolo perfecto de “aprender del pasado para crear lo nuevo”. Hoy, en 2026, el Skytree mantiene este sistema activo las 24 horas del día para proteger a los visitantes de los fuertes vientos y vibraciones.
Evolución de los rascacielos: Del Edificio Kasumigaseki a la metrópolis vertical de Shinjuku

A16504601 at Japanese Wikipedia, CC BY-SA 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0>, via Wikimedia Commons
El primer rascacielos de Japón, el Edificio Kasumigaseki, completado en 1968, también se diseñó inspirándose en las pagodas de cinco pisos. Se adoptó una “estructura flexible” que permite que el edificio se doble hasta cierto punto para dispersar y absorber la energía del terremoto.
Además, persiguiendo la seguridad de los edificios, la industria ha desarrollado diversas tecnologías. El Edificio Shinjuku Mitsui tiene instalados en su azotea unos péndulos gigantes con grandes pesos que se mueven en todas direcciones (TMD: Tuned Mass Damper). En caso de terremoto, estos péndulos oscilan en dirección opuesta al movimiento del edificio, absorbiendo así la energía de la vibración.
Por su parte, Roppongi Hills no solo cuenta con 356 amortiguadores de aceite, sino que incorpora diversas tecnologías de aislamiento y control sísmico. El objetivo es crear edificios a los que la gente quiera “huir hacia dentro” en lugar de “huir de ellos” cuando ocurre un desastre.
De “lugar del que escapar” a “refugio seguro”: La ciudad como búnker
Una tecnología de control de vibraciones que está llamando la atención recientemente es el sistema “Bill Mass”. Consiste en independizar las plantas superiores e inferiores de un rascacielos y conectarlas con amortiguadores de aceite, de modo que al ocurrir un sismo, la parte superior e inferior se muevan cancelándose mutuamente, haciendo que el propio edificio actúe como un dispositivo de amortiguación.
El desarrollo urbano moderno en Japón ha superado la etapa de simplemente “hacer edificios que no se rompan” para convertirse en “refugios urbanos” capaces de acoger a personas que no pueden regresar a sus casas durante un desastre. Zonas de reurbanización a gran escala como Roppongi Hills cuentan con equipos de generación eléctrica propia, reservas de alimentos para varios días y tecnologías avanzadas de control sísmico. En caso de emergencia, se convierten en bases para proteger la seguridad de toda la zona. Estas enormes construcciones que acompañan nuestro viaje son, en realidad, los guardianes silenciosos de la ciudad.
La evolución de las normas antisísmicas: Lecciones del pasado para proteger el futuro

z tanuki, CC BY 3.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/3.0>, via Wikimedia Commons
El Gran Terremoto de Kanto de 1923 causó daños sin precedentes: 110.000 casas totalmente destruidas, 100.000 parcialmente destruidas, 200.000 quemadas y aproximadamente 100.000 muertos. A raíz de esto, en 1950 se establecieron por primera vez en Japón normas de construcción antisísmica.
Sin embargo, tras el terremoto de la costa de Miyagi en 1978, que volvió a causar graves daños, se revisaron dichas normas. En 1981 entró en vigor el “Nuevo Estándar de Resistencia Sísmica” (Shin-Taishin), que obliga a que los edificios tengan una estructura capaz de proteger la vida humana y no derrumbarse incluso ante temblores de intensidad 6 o 7 en la escala japonesa.
La “Muralla del año 2000”: El refuerzo definitivo de la seguridad

David Kernan, CC BY 4.0 <https://creativecommons.org/licenses/by/4.0>, via Wikimedia Commons
Lamentablemente, en el Gran Terremoto de Hanshin-Awaji de 1995, 250.000 viviendas fueron total o parcialmente destruidas. Aprendiendo de esta dolorosa lección, se revisaron nuevamente los estándares, y con la normativa del año 2000 se hizo obligatorio realizar estudios del terreno y utilizar herrajes específicos en las uniones de las vigas.
Así, cada vez que ocurre un gran terremoto en Japón, se analiza el daño y se reforman las leyes de construcción. Además, la tecnología ha evolucionado no solo para aumentar la resistencia (que el edificio no se rompa), sino para desarrollar el aislamiento sísmico (que reduce el temblor que llega al edificio) y el control de vibraciones (que absorbe el movimiento).
La “Regla de Oro” inmobiliaria en Japón: La frontera de 1981
Si estáis interesados en la arquitectura o en comprar una propiedad en Japón, hay una fecha que debéis grabar en vuestra memoria: “La barrera de 1981”. Esta fecha marca la introducción de los nuevos estándares antisísmicos. Al comprar una vivienda de segunda mano o reformar, el hecho de que el edificio haya sido construido antes o después de este año influye drásticamente en su seguridad y en su valor de mercado.
Además, con la reforma del año 2000, para las casas de madera se especificaron refuerzos metálicos para evitar que “los pilares se salgan de su base” y se hizo obligatoria la investigación del suelo. Gracias a esto, las viviendas japonesas modernas presumen de tener una solidez de las más altas del mundo.


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